“Grabad esto en vuestro corazón: cada día es el mejor del año” [Ralph Waldo Emerson(1803 – 1882) Escritor, filósofo y poeta estadounidense]

El inicio del mes octubre nos hace pensar que el fin de año se acerca. Comenzamos a sentir frio y la gente ya empieza a hablar de los planes que tiene para las fiestas decembrinas que se acercan. Que hay que apurarse porque pareciera que los últimos tres meses del año pasan más rápido que el resto de los nueve primeros. Aunque eso es solo una percepción. Esto, a algunos, nos pone a reflexionar y nos surgen las interrogantes ¿Hemos cumplido con los propósitos que nos hicimos a principio de año? y si no es así ¿Queda tiempo para cumplir con, al menos, algunos?


Para mí, las vacaciones de agosto fueron teóricas. Durante ese mes aproveche el tiempo libre para ocuparme de algunos proyectos que tenía abandonados, en los cuales he estado trabajando desde hace algún tiempo y por supuesto, para reorganizar mi agenda. A pesar de esto, me tomé algunos descansos, aunque pocos, para recargar las pilas.

Ahora, luego de retomar mi trabajo, le he sumado lo anterior, algunas cosas que tengo pendientes que he dejado pasar, varias ocupaciones familiares y domésticas y, por supuesto, al blog que tenía completamente abandonado y no le he dedicado el tiempo que he querido, como lo hacía cuando lo inicié.

A pesar de no tomarme desde hace tiempo unas vacaciones “como Dios manda”, ese período no fue malo. Fue un tiempo de trabajo verdaderamente duro y de reflexión. Y es que, muchas veces llegamos a un punto de quiebre, donde tenemos que dejar todo a un lado, hacer un alto para respirar y poner en claro todas nuestras ideas. Ya que, siempre que inicia el año nos hacemos miles de promesas de cambio y al momento menos pensado tiramos todo por la borda. Creemos que estamos avanzando y solo son simples ilusiones. Mantenemos una esperanza viva, que “algún día” vamos a inscribirnos en el gimnasio o aprender ese idioma extranjero o sencillamente comenzar ese proyecto en el que siempre habíamos querido trabajar, pero no hacemos nada para cumplir eso que nos dijimos al momento de las doce campanadas.

Durante muchos años, la llegada de octubre para mi suponía un mes más. Todo era tan rutinario, banal y aburrido que no importaba que mes iba corriendo en el calendario. Muchas veces, por desidia, flojera, miedo al fracaso o falta de motivación, me quedé con las ganas de hacer cualquier cosa importante que podía mejorar mi calidad de vida, mi salud o hacerme sentir mejor emocionalmente.

No hay que negarlo, eso nos sucede a todos. Sin distinción de raza, sexo o edad, las promesas no cumplidas se van acumulando y llenando de moho en un rincón oscuro y húmedo de nuestras mentes. Y cuando llegamos a viejos, los días se nos terminan y lo único que nos queda es lamentarnos.

Hay que cambiar. Comenzar a hacer las cosas, así sean desde cero. Claro, esto no sucede como en la escena de Forrest Gump, cuando él llega al punto máximo de inflexión, sale corriendo sin ningún sentido y se recorre todo el país, de océano a océano, en el transcurso del tiempo que dura la canción de Jackson Browne “Running on Empty”. En realidad no, las cosas duran más tiempo.

 

Ese punto de quiebre me llegó a mí hace un par de años. Me di cuenta que lo que estaba haciendo a diario no me estaba llevando a ningún lado. No importaba lo mucho que me esforzara, todo volvía a ser igual. Todos los días parecían el mismo. En ese momento me di cuenta que era un patrón repetitivo en mi vida. Así que decidí “reinventarme” y ponerme a correr (en sentido figurado). Pero, hacer cambios no dura los siete minutos que dura Forrest corriendo, admirando paisajes y consiguiendo seguidores.

En realidad todo dura más tiempo, y quizás ese es uno de los factores que influyen en  dejar las cosas como están y no hacer nada. Queremos que todo suceda de inmediato, no tenemos paciencia. Otras veces no las hacemos por cobardía o miedo a que no salgan como la pintamos en nuestra mente. Y otras veces, simplemente nos dejamos influenciar por personas que muy sutilmente nos hacen cambiar de parecer.

Pero el factor más importante y creo que es el que a todos nos mantiene arrodillados sin permitirnos levantarnos, es la llamada “Zona de Confort”. Nos sentimos cómodos así, frustrados, amargados, aburridos y obstinados, pero  cómodos. Así como cuando la cama tiene el colchón dañado, conseguimos acomodarnos de forma diagonal para que los resortes no se nos claven en la espalda.


Salir de allí es lo que más cuesta. Imaginemos esta escena: Un día decidimos que vamos a trabajar en ese proyecto que tanto hemos deseado. Pero la única forma de poder hacerlo es renunciando al empleo, que de antemano odiamos. Nos levantamos con la firme decisión de hacerlo. Cuando vamos camino al nuestro sitio de labores, empiezan a sonar las voces en nuestra cabeza. Nos hablan de la crisis, del trabajo estable, de los beneficios, de que las cosas a veces no salen como esperamos, que nos aguantemos a que la situación mejore, de las deudas, los gastos y cientos de excusas y pretextos más. Luego nos imaginamos a nuestros familiares, nuestra pareja y a los amigos, diciéndonos sobre la locura que estamos cometiendo o vamos a cometer, aconsejándonos sobre qué es lo mejor para nosotros y pensamos en todas las posibles frases que nos van a decir. Finalmente, cuando llegamos, no renunciamos y lo que es peor, nunca empezamos ese proyecto deseado.

En estos días estaba viendo en YouTube un video de Will Smith, uno de mis actores favoritos, en especial por la filosofía de vida que ha adoptado, donde estaba recibiendo el premio Nickelodeon Kids’ Choice Award al Actor de Película Favorito. Como son premios juveniles, luego de agradecer se dirigió a los adolescentes que se encontraban en el público y les dijo cuáles eran las claves de la vida. Las claves de la vida son correr y leer.

Ahora ¿Por qué correr? Cuando estas corriendo (o en la caminadora o haciendo ejercicios) hay una pequeña persona, oscura, perezosa y amargada, que te habla y te dice: “Estoy cansado, no puedo más, me duele mucho, se me va a explotar un pulmón” y eso hace que quieras abandonar. Si aprendes a derrotar a esa persona cuando te estas ejercitando, aprenderás a no rendirte cuando las cosas se ponen duras en la vida. Esa es la primera clave.

¿Por qué leer? La razón de leer es muy importante. En el mundo ha habido millones, billones y trillones de personas que han vivido antes que nosotros. No hay ningún problema nuevo que puedas tener con tus padres, en el colegio, con un “matón”, con una pareja, con nada, que alguien ya haya solucionado antes y escrito sobre él en un libro.

Comienza el último trimestre del año y falta poco para que este 2017 finalice, pero todavía queda tiempo de lograr eso que nos prometimos hacer el primer día del año. No importa si esto nos representa que debemos realizar un máximo esfuerzo. Lo importante es empezar. Hacer un poco cada día y en el momento menos pensado, lo habremos logrado. Ya lo dijo Charles Dickens en su novela David Copperfield: “Lo más importante en la vida es dejar de decir deseo y empezar a decir lo haré”. Gracias por leerme. Será hasta una próxima entrada.



Soy venezolano. Nacido en la ciudad de Mérida. Mi profesión es la ingeniería y las tecnologías de la información. Escribo aquí y en otros sitios porque me gusta hacerlo. Soy entusiasta de la motivación y el desarrollo personal. Aquí les comparto un poco de eso, pero tambien mis vivencias, gustos e intereses.

Comienza el último trimestre del año
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