Los actos nobles y los baños calientes son las mejores curas para la depresión” [Dodie Smith (1896 – 1990) Escritora inglesa. Autora de 101 Dálmatas]

Depresión Soledad Caminando




Corría el año 2008. El mes no tiene importancia. Mucho menos el día. Lo que si recuerdo es que la mañana estaba bastante soleada, el cielo estaba completamente despejado y con un azul intenso. En la ciudad que me encontraba en ese momento, el movimiento mañanero ya se estaba empezando a sentir. Como tenía que esperar que abrieran el comercio local, decidí sentarme a desayunar mientras ojeaba un poco de la prensa regional. Quería comenzar mis tareas bien temprano, para tratar de terminar a mitad del día y aprovechar la tarde para hacer un poco de turismo, ya que al día siguiente iba a partir hacia otra ciudad.

Al final del día, luego de realizar mis labores y conocer algunos de los sitios más emblemáticos de la cuidad de turno, me hallaba en el hotel donde me hospedaba finiquitando todo lo relacionado con mi viaje del día siguiente. Me tocaba confirmar la reservación del próximo hotel en el que iba a pernoctar, revisar la guía de viajero para localizar los diferentes restaurantes en los que iba a comer y que, por supuesto, estuviesen cercanos a mi ruta de trabajo. Tenía que organizar la agenda muy minuciosamente para lograr todos los objetivos que planeaba para esos días y así volver tranquilamente el fin de semana a casa.

Mi trabajo consistía en visitar y supervisar comercios en diferentes localidades de la zona del país que abarcaba mi cobertura, para que se relacionaran con la marca que yo representaba y si ya lo estaban, revisar que todo marchara sobre ruedas. Pero antes de visitar cualquier ciudad, tenía que planificar todo para no tener ningún tipo de contratiempo.

Durante mucho tiempo había deseado un trabajo así, como representante de una marca a nivel nacional, en el que pudiese viajar de un sitio a otro, a diferentes ciudades o pueblos y así aprovechar de conocer algunos lugares que estaba seguro no tenía planes de visitar. Lo bueno era que, no estaba encerrado en una oficina, como gran parte de la humanidad y eso funcionaba muy bien para mí. Me divertía el hecho de viajar y conocer nuevos poblados y nuevas personas a las que, seguramente, no iba volver a ver.

Hotel Lujo Habitacion

Cuando comencé me sentía encandilado con el lujo de los hoteles en los que me hospedaba y los costosos restaurantes donde comía y todo por cuenta de la empresa. En apariencia todo estaba de maravilla, o eso era lo que yo creía. No todo era tan perfecto como parecía.

No hacia amistades y pasaba las noches en compañía de la televisión, mis agendas y mi teléfono celular, generalmente organizando el trabajo realizado y el que estaba por realizar. Aparte de eso tenía que resolver muchos problemas que habían dejado los supervisores anteriores y el hecho de tener varios jefes, hacía que el trabajo se tornara más pesado, ya que en un momento uno decía una cosa y al rato el otro cambiaba todo.

Al principio mi trabajo no me desagradaba. Era emocionante recorrer ciudades que nunca antes había visitado. Trataba de finalizar mi ruta del día lo más temprano posible para aprovechar el tiempo y conocer algo de las localidades en las que me encontraba. Pero nuestro cerebro es una cosa seria. Cuando inconscientemente algo nos está molestando y esto se encuentra oculto, día a día se va acumulando hasta que sale a flote cuando uno menos lo espera.

Con el tiempo empecé a sentir que todo era una rutina. Incluso las ciudades comenzaron a ser parecidas unas con otras. Comencé a sentirme harto de smog mañanero en las ciudades grandes o del silencio extremo en los pueblos pequeños, de la crueldad de los viajes por carretera y de esa sensación pastosa que solo puedes obtener por la falta de sueño y descanso verdadero que, algunas veces, no desaparece en toda la jornada. No sé en qué momento comenzaron a molestarme las llamadas de mis jefes. Esas voces, sus tratos sobreactuados y exageradamente amables, en apariencia desinteresados y preocupados por mi bienestar.

Lo único que en realidad deseaba en esos momentos era estar en mi cama y dormir unos dos días seguidos. Por otro lado ya me estaba empezando a molestar el sobrepeso causado por tantas comidas en diferentes restaurantes, y créanme, de verdad eran diferentes. No recuerdo haber comido dos veces en el mismo lugar. Años atrás trataba de mantenerme en forma, pero en ese momento de mi vida creía que era imposible. De vez en cuando veía mi reflejo en algún espejo o en algún cristal y me preguntaba quién diablos era aquel tipo obeso.

Antes de comenzar a trabajar allí, había empezado a estudiar Ingeniería de Telecomunicaciones, la cual tuve que hacer una pausa, porque tantos viajes no me dejaban cumplir con mis obligaciones académicas.

Fiesta antro Discoteca




Los fines de semana no eran muy distintos. Llegaba a mi ciudad y en vez de tomar esos dos días para dormir como tanto yo deseaba y necesitaba, me dedicaba a visitar algún antro o simplemente me quedaba en mi casa y las botellas quedaban regadas por todo el fregadero de mi cocina. Y siempre procuraba tener algo de compañía femenina, que no todas las veces era la misma. Los domingos casi ni existían. Se convertían en el día de arreglar el desorden de la noche anterior, de sentir culpa, arrepentimiento y de pasar la resaca. Ya había tocado fondo y estaba empezando a escarbar.

 

Algo andaba mal y en realidad no podía notarlo.

No sé en qué momento me tope por casualidad con un folleto que hablaba sobre los síntomas de la depresión. Estos eran demasiado conocidos, evidentes y cotidianos. Algunas líneas que estaba leyendo me parecían que estaban describiendo exactamente lo que a diario estaba sintiendo en ese instante. Al principio me costó algo de trabajo reconocer que estaba hablando de un padecimiento grave, que sin uno saberlo puede ir creciendo hasta llegar a extremos patológicos que solamente pueden ser tratados con medicamentos. Así como la diabetes, la depresión es un enemigo silencioso y a veces la notamos cuando ya no hay vuelta atrás.

Al darme cuenta que existía una posibilidad muy grande de que ese era mi problema, me puse a investigar mucho sobre el tema. Allí me enteré que los síntomas variaban dependiendo del tipo de depresión que uno podía padecer, ya que está clasificada en leve o moderada, intermedia y grave.

Ahora si estaba claro que algo andaba mal.

Debía tomar rápidamente una decisión al respecto. Tenía que asomar la posibilidad de visitar a un especialista. Si de algo debo preocuparme en la vida es por mi estabilidad mental, ya que de ella dependen mi felicidad y mi futuro.

Entonces ocurrió.

Una noche me desperté a las tres de la mañana sudoroso y agitado (como cuando uno logra despertarse de esas pesadillas recurrentes en la que se está cayendo por un abismo y nunca termina de estrellarse contra el piso), con un pensamiento que me estaba taladrando el cerebro: “¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿A dónde quiero llegar con esto?” En ese instante me di cuenta que debía tomar decisiones drásticas y radicales.

Camino Motivación Depresión

Así que, renuncié a mi trabajo, corté a la novia que tenía en ese momento, me mude a las afueras de la ciudad, continué con mi carrera universitaria y comencé a buscarme otro empleo.

No puedo negar que las consecuencias iniciales fueron aterradoras. Como cualquier adicto, al que le eliminan su dosis de un golpe, pasé muchas noches de insomnio, mis ahorros se acabaron completamente, estuve muchas veces a punto de fracasar en mis estudios y de mi ex novia por supuesto no supe más nunca. Pero cada mañana me levantaba con esa sensación de esperanza, con una voz interna que me decía que debía continuar.

Con el tiempo la depresión poco a poco fue desapareciendo, hasta desvanecerse en su totalidad. Se convirtió en un recuerdo del cual ya soy capaz de escribir. Las ganas de lograr cada día nuevas metas me hacían levantarme con muchísimos ánimos. Después de muchos años supe lo que era dormir y descansar verdaderamente. Y por supuesto en algún momento dormí  esos tan anhelados dos días seguidos.

La vida que empecé a llevar tiempo después no puedo negar que ha sido excelente. El camino para llegar aquí de verdad que ha sido el más empinado que me ha costado transitar, y sé que aún me falta mucho por recorrer. Han sido años de lucha. Me he equivocado de camino muchas veces y he tenido que regresarme para empezar de nuevo. Pero la cuesta ya se ha ido suavizando.  Y el agujero de la depresión en el que me encontraba quedó completamente atrás y se perdió en el horizonte.

Síntomas de la Depresión

Depresion tristeza soledad

Si tienes por lo menos tres síntomas de estos y no tienes una iluminación nocturna como la que me ocurrió a mí, es mejor que te plantees la posibilidad de visitar a un especialista:

  • Jaquecas constantes
  • Dolor abdominal, en el cuello o en la espalda
  • Trastornos del sueño
  • Pérdida del apetito sexual
  • Sensación constante de debilidad
  • Llanto fácil y frecuente
  • Falta de interés en las actividades cotidianas
  • Tristeza repentina o sentimiento de vacío repentino
  • Exceso de ingesta de alcohol o alimentos.

Es muy recomendable que un profesional te evalúe para determinar si las causas de tu depresión son orgánicas o de otro tipo. Gracias por leerme. Será hasta una próxima entrada




Soy venezolano. Ingeniero de Telecomunicaciones. Escribo aquí porque me gusta hacerlo. Soy entusiasta de la motivación y el desarrollo personal. Aquí les comparto un poco de eso, pero tambien mis vivencias, gustos e intereses, con alguna que otra reflexión.

Consiguiendo una depresión oculta
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[…] y dijo: “Pensé que con lo que habíamos hecho, el dolor del alma se me iba a pasar, pero no, la depresión continuaba. Seguía doliendo, cada cosa que veía me la recordaba y hacía que la herida se […]

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