“Cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro, la enfermedad es casi incurable” [Voltaire (1694 – 1778) Escritor y filósofo francés]

Todos los días observamos en las noticias, con asombro, tristeza e impotencia,  informaciones relacionadas con ataques terroristas sucedidos en diferentes partes del mundo. Lugares tan distantes como Las Vegas, Miami, Quebec, Damasco o París han sido víctimas de agresiones ocasionadas por individuos pertenecientes al autodenominado Estado Islámico (ISIS – DAESH), el cual dese hace unos tres o cuatro años ha causado terror alrededor del mundo exponiendo un fanatismo religioso tan extremo que actualmente se está librando en el Medio Oriente una guerra, que para los islamistas que forman parte de este grupo es una “Guerra Santa” o “Yihad” y para el resto del mundo, incluyendo muchos países que profesan la religión del Islam, es una guerra contra el terror.


En mi país, Venezuela, el fanatismo viene de la mano de las inclinaciones políticas que cada quien pueda tener, el cual ha causado daños irreparables dentro del seno de la sociedad venezolana. En especial los últimos tres años, en los que grupos de opositores al gobierno, pregonando una supuesta lucha por la libertad, en apariencia cercenada por los que ellos denominan un régimen dictatorial, han sembrado el terror en diferentes ciudades de la nación, ocasionando con esto centenares de víctimas de ambos bandos en conflicto.

Buscando en Internet una definición clara y sencilla de lo que es el fanatismo, conseguí esto: El fanatismo es un término que permite designar a aquella defensa súper emocionada y apasionada que realiza un individuo respecto de sus creencias políticas, religiosas, ideológicas, o de sus gustos e intereses, por ejemplo musicales, deportivos, entre otros”.

Algunas veces esa “defensa apasionada” raya en los límites de la intolerancia, es decir las personas creen que su posición ante las cosas es la verdad absoluta y no aceptan otras opiniones alternativas. Cuando esto pasa, simplemente se perjudica a otros, bien sea de forma emocional o en el peor de los casos, de forma física, como ha sucedido en los diferentes ataques terroristas, las agresiones por cuestiones políticas o la violencia dentro de los estadios de fútbol.

Cuando sucedieron los atentados de las Torres Gemelas, el 11 de Septiembre del 2000 por parte del grupo extremista Al Qaeda, yo me quedé atónito, cuando los líderes de la mencionada agrupación profesaban que el ataque lo habían hecho en nombre de Alá (hispanización de la palabra árabe Al-lāh, que en español significa Dios), para castigar a los infieles (todas aquellas personas no islamistas). Sencillamente no creía que una religión pudiese contener, en sus escritos, algo parecido. Así que me dedique a investigar en que parte del Corán, a manera informativa, decía algo parecido y me sorprendió encontrar  que allí si hay versos (que se llaman “Surás”) que incitan a la violencia en contra de quienes no profesan el islam. Tratando de no caer en la crítica,  debemos tomar en cuenta que es un libro que fue escrito entre el año 610 hasta el año 632 d.C. época en la que el mundo documentado se caracterizaba especialmente por la intolerancia religiosa desde todos los frentes.

Las interpretaciones ciegas y atemporales son las que están generando controversias en el mundo hoy en día. Decidir sobre cuál de los textos de cada fe es real y cuál no, es lo que está ocasionando tantos problemas en nuestras sociedades alrededor del planeta. Por ejemplo, pensar que la Biblia es el único libro que contiene la verdad absoluta sobre la creación, la fe y Dios, es negar que existen más de 400 millones de personas que profesan las religiones Chinas, algo más de mil millones de musulmanes o unos 700 millones de hindúes. Sin contar a los judíos, budistas, ortodoxos, anglicanos, confucianistas y pare de contar. Y he tenido la suerte de conocer personas que piensan de esa forma.

El terreno político no escapa de ello. En los últimos años los gobiernos del mundo parecen que cada vez están más polarizados. Cada día el fanatismo político se propaga por todas las naciones del mundo como si se tratase de las peores epidemias que ha azotado la Tierra. Entre los años 50 y finales de los 80 se vivió una bipolarización tan exagerada de las corrientes de pensamiento político, que estuvo a punto de estallar una guerra a escala mundial.

En Venezuela el fanatismo político siempre ha existido. En la llamada Cuarta República era habitual ver amigos y familiares separados porque uno era adeco y el otro copeyano, en especial en época de elecciones. Cuando Hugo Chávez Frías, ganó las elecciones a la Presidencia de Venezuela en Diciembre de 1998, se generó una exaltación desmedida, por parte de sus seguidores, pero también por parte de sus detractores. A tal punto de dividir a la población en dos grupos: oficialistas y opositores, y hasta la fecha eso sigue igual, a pesar que actualmente el Presidente es Nicolás Maduro, pero de la misma tendencia política del anterior.

La existencia de un punto medio, el ser independiente es tan inconcebible como formar parte del grupo contrario. Esta situación es tan extrema en algunas personas, que llegan a decir que si una persona es imparcial en realidad es porque apoya al otro bando. Indistintamente del lado que uno apoye, siempre va a ser discriminado por alguien perteneciente al otro, utilizando cualquier insulto o frase inadecuada para describir despectivamente lo que uno piensa.

Actualmente en el país se habla de dos modelos, socialistas y neoliberales o llegando al extremo de lo vivido en los años 80, cuando comunistas y capitalistas se disputaban la división del planeta. Pero a nivel mundial se puede ver poco a poco la creciente polarización de las corrientes geopolíticas, donde por un lado se encuentran dos potencias tan grandes como Rusia y China, y por otro, rememorando los años 60, Estados Unidos. Negar la existencia de ambas corriente, ya sea desde el punto de vista económico, político o en el peor de los casos, el militar, es cerrar los ojos ante lo que está ocurriendo en el mundo hoy en día.


Lamentablemente el deporte no escapa de este mal. En Argentina hace muchos años nacieron las llamadas “Barras Bravas”, que son grupos de hinchas (seguidores fanáticos) que se organizan para apoyar a su equipo y que en ocasiones generan violencia tanto dentro como fuera del estadio. Pero, en la actualidad, la exclusividad no sólo es de Argentina, ya que este problema se ha extendido por toda Latinoamérica, desde Chile hasta México, a tal punto que la Confederación Sudamericana de Fútbol  (Conmebol) ha estudiado la posibilidad de realizar juegos con las tribunas vacías. La BBC de Londres en su versión digital en español escribió: “Son parte del gran espectáculo del fútbol en América Latina, pero detrás de sus cánticos, banderas y bombos a menudo hay un código de violencia y de negocios que inquieta a dirigentes y expertos: las barras bravas se han vuelto un poder desafiante para el deporte más popular de la región”

Lamentablemente miles de personas se han visto afectadas por el fanatismo, sea del terreno que sea, iniciando con el simple hecho de eliminar una amistad por las diferencias de pensamiento, hasta llegar a los enfrentamientos y violencia exagerada como lo que se ha vivido en Venezuela a causa del fanatismo político, en Argentina, Colombia y Uruguay ocasionado por el fanatismo deportivo y lo ocurrido en los países que han sido atacados por grupos extremistas, gracias a el fanatismo religioso.

Hoy en día, en lo que llamamos la “Era de la Información”, debemos tener la mente un poco más abierta, entender que existen diferencias y eso es lo que hace que el mundo sea interesante. Si todos pensáramos igual,  la vida sería muy aburrida. Aunque lo que yo pienso no es la verdad absoluta. Es solo mi humilde opinión. Gracias por leerme, nos vemos en una próxima entrada.



Soy venezolano. Nacido en la ciudad de Mérida. Mi profesión es la ingeniería y las tecnologías de la información. Escribo aquí y en otros sitios porque me gusta hacerlo. Soy entusiasta de la motivación y el desarrollo personal. Aquí les comparto un poco de eso, pero tambien mis vivencias, gustos e intereses.

Fanatismo actual
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