“Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8-32)

Miguel siempre se había considerado un tipo simple, y generalmente procuraba comportarse como tal. Hacía lo posible por pasar desapercibido. Le gustaba ser poco visible. También se dejaba influenciar mucho por las cosas que lo rodeaban. Si en algún comercial de televisión decían que las gaseosas súper azucaradas eran saludables, él lo creía ciegamente.  Un día estaba leyendo un libro, actividad que realizaba con muy poca frecuencia, en el que se mencionaba la frase bíblica famosa: “La verdad os hará libres (Juan 8-32)”. Quedó tan sorprendido con el posible significado que se le podía dar a esas pocas palabras que, se puso a pensar obsesivamente en ella durante varios días.

Él, sabía de antemano que, no era la mata de la honestidad. Tenía muchas cosas ocultas en su vida que ocasionaban que tuviese que mentir, prácticamente a diario.

Las semanas fueron pasando y la frase lo atormentaba día a día cada vez más. ¿Para qué había leído el libro? Se preguntaba una y otra vez. A causa de estas cosas  era por lo que no lo hacía con frecuencia. En los libros siempre encontraba algo que lo fastidiara. ¿Sabiduría? No necesitaba nada de eso. Lo poco que necesitaba saber lo vivía día a día y con eso bastaba. Lo demás lo aprendía en la televisión ¿Qué otro conocimiento necesitaba?

Fue tanta la obsesión que comenzó a sentirse atrapado, preso. Se sentía como en un calabozo en el que las paredes se iban acercando unas a otras lenta y atormentadoramente ¿Y si en realidad no era tan libre como él creía? No valía la pena seguir así. Decidió que tenía que decirles la verdad a todas las personas que lo rodeaban, porque ya la claustrofobia comenzaba a hacer mella en él y empezaba a sentir que la respiración le fallaba.

Empezó hablando con su mejor amigo, contándole que en el pasado se había acostado varias veces con su esposa. A su jefe le dijo que lo consideraba un monigote, un viejo pedorro y que lo había estado robando desde hacía algún tiempo. A su esposa le confesó que tenía una amante y a su amante que no sentía nada por ella, solamente deseo. Así hizo con todo al que conocía, les dijo lo que pensaba de ellos, lo que siempre les quiso decir pero siempre calló por la hipocresía con la que los trataba. Confesó todo.

Su amigo lo golpeó, su jefe lo despidió y demandó. Su esposa le pidió el divorcio y lo botó de la casa. Su amante lo dejó y todos aquellos a los que les expresó sus sentimientos más profundos y oscuros, algunos lo insultaron, otros le quitaron el habla y otros tantos, especialmente mujeres, lo abofetearon.

Se libró de las mentiras. Quedo golpeado, sin empleo, ni esposa, ni casa, ni familia. Tampoco amigos y mucho menos amante. Y para colmo, estaba en peligro de ir a la cárcel.

Mientras estaba en un hotel de mala muerte, en el que se hospedaba provisionalmente, se puso a meditar en todo lo que había sucedido y en esa introspección, se encontró con el dilema que, posiblemente, en alguna parte de la frase había alguna falla. No lograba determinar que era más fácil: llevar una vida honesta o no siempre decir la verdad.

Allí, solo en un cuarto sucio y maloliente, Miguel llegó a la conclusión que definitivamente era la frase la que no funcionaba. Está bien,  él acepto que cometió una que otra equivocación, pero ¿Quién no lo hace? Simplemente con callar hubiese sido más feliz.

Pensó, seriamente, que la próxima vez no cometería el mismo error. No volvería a leer más libros. Gracias por leerme, será hasta una próxima entrada.

Soy venezolano. Nacido en la ciudad de Mérida. Mi profesión es la ingeniería y las tecnologías de la información. Escribo aquí y en otros sitios porque me gusta hacerlo. Soy entusiasta de la motivación y el desarrollo personal. Aquí les comparto un poco de eso, pero tambien mis vivencias, gustos e intereses.

La verdad os hará libres. Un cuento casi real
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