“Volvamos a esos días felices en los que había héroes” [Bette Davis (1908-1989) Actriz estadounidense]

En los años ochenta estuvieron muy de moda las películas de antihéroes. “Un antihéroe es un personaje que no dispone de las cualidades que se atribuyen a los héroes, aunque sus objetivos y logros son los mismos”. Generalmente los héroes son valientes, fuertes, bellos, con moralidad y conducta intachable, el antihéroe es todo lo contrario. Estos héroes de los 80 eran sombríos, arrastraban un pasado oscuro, tenían problemas en sus relaciones personales, eran solitarios, la mayoría divorciados, fumadores y  a dos tragos de ser alcohólicos, para ellos era muy fácil echar mano de la botella como de la pistola.

El territorio por donde se movían estaba inundado de drogas, delincuencia y mujeres fatales. Unos eran personajes contradictorios y extravagantes que la mayoría de las veces cruzaban la línea de lo legal para hacer su trabajo y otros simplemente eran perdedores que llevaban palo toda la película y al final sacaban una carta bajo la manga y terminaban triunfando.

Un ejemplo de esto fue Clint Eastwood en “Harry el Sucio” quien durante toda la trama andaba por las calles repartiendo plomo con una pistola que parecía más bien un arma antitanques, Bruce Willis en “Duro de Matar”, un policía fumador, bebedor, mal esposo y hasta mal padre pero que, cuando un grupo de terroristas secuestra el edificio donde se encuentra su esposa, le surge todo su sentido de justicia para derrotar a los criminales y salvar a los rehenes y por supuesto a su casi “ex amada”. Por otro lado, Ralph Macchio, en “Karate Kid”, un adolescente flacucho, perdedor, sin padre y sin dinero que tiene que luchar para que sus compañeros de estudio, fortachones, guapos, de clase alta y expertos en artes marciales, lo respeten y lo dejen de golpear, que unos cinco minutos antes de que aparezcan los créditos finales, hace su mejor movimiento para conseguir triunfar en un torneo de Karate y obviamente quedarse con la chica.

Pero ¿Por qué los preferíamos a ellos? Simplemente por el realismo que emanaban. Todos estamos conscientes que no nacimos en otro planeta, tampoco que somos millonarios oscuros y deprimidos con una cueva debajo de nuestra gran mansión y menos somos tipos súper guapos, con cuerpos sin una gota de grasa y expertos en manejo de todas las armas que existen y al menos cinco estilos distintos de artes marciales. Al menos yo. En cambio, cualquiera de nosotros podría ser un Daniel Larusso o un John McClane.

Uno de los primeros héroes oscuros que yo conocí fue Joe, interpretado por Clint Eastwood en la saga de películas “El bueno, el malo y el feo”, “Por un puñado de dólares” y “La muerte tiene un precio”, un vaquero caza recompensas, mal vestido, con pinta de tener varios días sin bañarse, muy mal afeitado y con un sentido de la justicia movido solamente por el dinero.  Otro, por supuesto, Rocky Balboa, un boxeador sin éxito, poco inteligente y golpeador de un prestamista de moral algo dudosa. Ambos representan todo lo opuesto a lo que el cine hollywoodense nos ha querido acostumbrar de como debe ser un verdadero héroe: un hombre que vive en los suburbios, de intachable moral, si está casado, un esposo modelo, si tiene hijos, un padre excelente, buen ciudadano, guapo, bien vestido, con un afeitado perfecto, sin vicios, con dinero, popular y envidiado por todos. Todo un modelo de portada.

La gran mayoría de estas películas sobre héroes oscuros eran catalogadas como malas. A veces las salas de cine ni las proyectaban y en la televisión las pasaban en un horario que casi nadie estaba al frente de la pantalla chica. Un domingo en la tarde a la misma hora que en otro canal estaban dando una final del mundial de futbol o como relleno cuando no tenían más nada que proyectar.  

Pero ellos poseían su magia, el héroe poseía más matices que los de hoy en día. Generalmente un policía semi-alcoholizado, al que su mujer había abandonado por un abogado exitoso de Wall Street, excesivamente fumador, con una mirada profunda, mal afeitado, con una gabardina vieja y polvorienta y con un pasado sombrío que, durante la trama, se enamora de una chica más desastrosa que él, muchas veces prostituta o bailarina exótica, pero con un toque de persona real, con sentimientos profundos, depresiones que desea matar con una botella de whisky barato y comida china podrida en el refrigerador.

Todas esas películas marcaron una etapa en mi vida en los años 80. Si un tipo duro como el detective Martin Riggs, en Arma Mortal, interpretado por Mel Gibson puede tener depresiones severas por la repentina muerte de su esposa, o que quiere dejar de fumar comiendo alimento para perros, ¿Porque una persona común y corriente como yo no puede sufrir por problemas causados por alguna exnovia?

En la actualidad, todos los héroes parece que vienen de otro planeta, capaces de esquivar más balas que las que se disparan en un enfrentamiento en Siria o Irak. Siempre bien vestidos, el cabello con peinado de salón, ropa de diseñador y el rostro más liso y suave que la nalga de un bebé. Pero los tipos duros de los 80 siempre serán mis verdaderos héroes, eran problemáticos, estaban totalmente jodidos y no tenían nada que perder como Mel Gibson, en “Mad Max, el Guerrero de la Carretera” o Kurt Rusell, como Snake, en “Escape de Nueva York”.

Eran otros tiempos, los tiempos de la guerra fría, la propaganda televisiva nos bombardeaba con su sueño americano o que estábamos viviendo momentos excelentes, donde la bandera norteamericana representaba todo lo bueno, lindo, colorido y exitoso, y la estrella roja, todo lo malo, feo, gris y fracasado. Todos queríamos ser como los héroes que salían de la nada y bailaban, peleaban karate o boxeo, viajaban al futuro o cantaban, al final eran felices y terminaban con una canción motivadora y levantando el brazo derecho en señal de triunfo.

Pero la realidad era otra. El mundo estaba plagado de drogas, mafias, chulos, carteristas, proxenetas y prostitutas. En un mundo así que cada día sus habitantes se convertían en esclavos de sus modelos de éxito. ¿Qué tipo de héroe podía salir de esta sociedad? Alguien basto, con heridas emocionales y  roturas en su alma que cada noche se tenía que tomar sus tragos en una barra lóbrega para tratar de olvidar la oscuridad que lo envolvía. Esos eran los héroes que yo admiraba. Gracias por leerme. Será hasta una próxima entrada.

Soy venezolano. Nacido en la ciudad de Mérida. Mi profesión es la ingeniería y las tecnologías de la información. Escribo aquí y en otros sitios porque me gusta hacerlo. Soy entusiasta de la motivación y el desarrollo personal. Aquí les comparto un poco de eso, pero tambien mis vivencias, gustos e intereses.

Héroes que yo admiraba en los 80
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2 Comentarios en "Héroes que yo admiraba en los 80"

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[…] estaba escuchando AC/DC. Cualquier película con golpes, autos con alta velocidad, muchas balas y tipos rudos sustituye ese […]

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[…] por los canales de clásicos del cine, como TCM o Fox Classics. Pero Bruce Lee seguirá siendo el héroe de muchos (incluso de nuevas generaciones). Gracias por […]

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