“El tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto” [Charles Chaplin (1889-1977) Actor y director británico]

Hace algún tiempo me encontraba en una reunión de trabajo que estaba realmente aburrida. Los temas que se estaban tocando, bastante monótonos, yo me los sabia de memoria pero, como habían personas nuevas tenían que repetir todos los puntos. El problema no eran los temas tratados, sino la lucha interna en la que me encontraba por no quedarme dormido. Cada vez que observaba la hora podía notar, de forma increíble, que solo habían pasado uno o dos minutos. El tiempo parecía haberse detenido.

En otra ocasión, en la que había asistido a una reunión informal con amigos, parrillada, licor y conversaciones triviales, sentí que el día pasó en un abrir y cerrar de ojos. De repente me vi llegando al sitio y en “poco tiempo” ya estábamos finalizando la tarde y regresándonos a nuestros hogares.


¿Alguna vez han notado que hay momentos en que el tiempo pasa muy lento y otras veces parece que volara? ¿Cuantas veces he escuchado personas que afirman que un año o un mes “pasó muy rápido”? Esto, por supuesto, es una afirmación completamente ilógica, ya que la tierra gira siempre a la misma velocidad, los segundos pasan exactamente igual y un día siempre va a durar 24 horas, ni más ni menos. Aunque no puedo negar, dado los ejemplos anteriores que, en algún momento he sentido que el tiempo “vuela” haciéndome sentir que las manecillas del reloj pisan el acelerador y otras veces me ha parecido que, en vez de ir hacia adelante, más bien retroceden.

La realidad es que, nuestra percepción del tiempo varía en función de la actividad que realicemos o de lo que se piensa y cómo se piensa. Y es que, si nos ponemos a pensar en el tiempo que ha pasado y no en los acontecimientos en sí, sentimos que en algún sitio alguien oprimió en botón de avance rápido. El tiempo en apariencia pasa rápido o lento, y algunos podemos pensar que los años que han pasado volaron y dejaron conversaciones pendientes, problemas no resueltos, malos hábitos sin modificar, muchas resoluciones de año nuevo no realizadas, metas sin alcanzar, en fin, con todo esto podríamos hacer una larga lista de cosas inacabadas.

Para estas fechas, cuando ya el último trimestre del año está a la vuelta de la esquina, es cuando las personas empiezan con las lamentaciones de lo rápido que paso el año y del poco tiempo que tuvieron para hacer las cosas. Lo extraño es que para todos el año ha durado exactamente los mismo días. Así que decidí indagar un poco las razones por las que esto nos sucede a todos. Creo y puedo afirmar que no existe persona en el mundo, por muy organizada que sea y experta en la gestión del tiempo, que no haya utilizado alguna de esas frases relacionadas con la rapidez o lentitud del tiempo.

Cuando sólo pensamos en el tiempo y no en lo hecho, nuestra percepción cambia. “La mayoría piensa en objetivos y, en caso que no los hayan alcanzado, entonces de pronto piensan que apenas fue ayer cuando se los fijaron” afirmó Gal Zauberman, profesor asociado de marketing en la Wharton School of Business.

La realidad es que esto ha sido objeto de estudio por parte de los científicos. Es un tema que no pasa desapercibido, es especial aquellos que se dedican a estudiar el cerebro humano y como sucede con muchas cosas, estos no se ponen de acuerdo en la forma cómo el cerebro sigue el tiempo. Una teoría es que posee un grupo de células que se encargan de contar los intervalos de tiempo. Otra teoría es que una gran cantidad de procesos neurológicos actúan como una especie de reloj interno.

De cualquier forma, las investigaciones hallaron que ese segundero biológico no sabe cómo interpretar correctamente los intervalos de tiempo más prolongados. Por ejemplo, el tiempo parece pasar más lento en una tarde aburrida y sin actividad y más rápido cuando el cerebro está ante una tarea desafiante o simplemente se mantienen entretenido en una actividad que haga que mantenga la mayoría de los sentidos ocupados.

En todo caso, las experiencias emocionales también influyen mucho en la percepción del tiempo: una separación, un ascenso, un viaje al exterior, tienden a percibirse más próximos o más lejanos de lo que realmente están, dependiendo del sentimiento que emane ese acontecimiento en cuestión, es decir que “el tiempo persiste sólo como una consecuencia de los acontecimientos que ocurren en él” según el filósofo Martin Heidegger.

Existen variedad de dichos populares con los que se puede ilustrar esta percepción del tiempo. El primero se le atribuye a Benjamín Franklin que, traducido del inglés, es más o menos: “Una olla observada nunca rompe a hervir”. Es decir, cuando estamos muy pendientes que algo ocurra, nos focalizamos en el paso del tiempo y esto hace que experimentemos una sensación subjetiva que el tiempo pasa muy despacio. Lo mismo ocurre cuando esperamos que abran un negocio, el banco, cuando estamos en una cola para pagar o nos encontramos en una clase o reunión súper aburrida y tediosa, como la historia con la que abro este artículo. Todas estas situaciones coinciden en que, como no tenemos más nada interesante para pensar, el paso del tiempo se convierte en nuestro foco de atención y esto hace que se distorsione nuestra sensación que hace que cada minuto que pasa parezca más largo de lo habitual. En especial si estamos observando el reloj a cada rato.


Otro dicho expresa que “el tiempo pasa volando cuando la estás pasando bien”. En esta situación ocurre todo lo contrario: si estamos viendo un programa muy entretenido, estamos disfrutando un rato con amigos o estamos realizando una actividad que nos absorbe toda la concentración, nuestro foco de atención no está dirigido hacia el paso del tiempo, por consiguiente éste pasa sin que seamos conscientes de ello. Por esto, generalmente, las personas que se mantienen muy ocupadas, indistintamente que, si lo que están haciendo los acerca a sus objetivos o no, pero están distraídas en ello, sienten que un mes o un año les paso “volando”.

En ambos casos, en la que el tiempo pasa rápido o pasa lento, las emociones influyen mucho y se basan más que todo en el presente y en el futuro, por muy cercano que éste último sea. En el caso del tiempo que ya pasó, la carga emocional es mucho más fuerte. Porque influye mucho la nostalgia, los recuerdos, las cosas que no se lograron, el tiempo que se perdió, las personas que no están, etc. Pero, en este punto específico, los científicos han hallado evidencias que si se recuerdan muy pocos acontecimientos, entonces la percepción del tiempo no dura, es decir, el cerebro comprime los intervalos pasados. Por eso muchas veces las personas que tienen trabajos muy rutinarios, o días muy repetitivos, sienten que algún hecho relevante del pasado “parece que fue ayer”.

De acuerdo con un estudio publicado en la revista Psychological Science, el cerebro no resalta la rutina del día a día y graba los acontecimientos notables pero en el que no se recuerda una fecha exacta de lo sucedido. En el estudio, un equipo de científicos puso a prueba a un grupo de estudiantes universitarios para que recordaran ciertos acontecimientos de interés público, como por ejemplo la decisión de Britney Spears de afeitarse la cabeza o la retirada de los soldados norteamericanos de Irak. En ambos casos se recordaba incluso situaciones relacionadas con el hecho original, como la desastrosa vida amorosa de la cantante o el lugar donde el presidente Obama realizó el anuncio del fin de las hostilidades. Pero en cuanto al tiempo que había pasado de esos sucesos todos dieron fechas muy dispares.

Cuando algunas situaciones se empiezan a asociar con otras, el tiempo del suceso original cada vez se va haciendo más lejano. De acuerdo con el estudio publicado, “A las personas les cuesta comprender el paso del tiempo, y para poderlo hacer se debe unir un hecho a otro que comprenden, es decir un desdoblamiento de acontecimientos”.

Nosotros mismos podemos hacer ese experimento. Nos ponemos a recordar un hecho del pasado, pero que no tengamos certeza de la fecha exacta. Tomamos papel y lápiz y calculamos aproximadamente hace cuánto tiempo sucedió. Después nos tenemos que poner a buscar otros acontecimientos que hayan sucedido más o menos para la misma época y a partir de allí vamos tomando nota de los meses o años casi exactos que han pasado. La percepción del tiempo cambia totalmente. Gracias por leerme. Nos vemos en una próxima entrada.



Soy venezolano. Nacido en la ciudad de Mérida. Mi profesión es la ingeniería y las tecnologías de la información. Escribo aquí y en otros sitios porque me gusta hacerlo. Soy entusiasta de la motivación y el desarrollo personal. Aquí les comparto un poco de eso, pero tambien mis vivencias, gustos e intereses.

Percepción del tiempo
Si te gustó lo que leíste ¡Compártelo!Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Pin on PinterestShare on LinkedInShare on VKPrint this pageEmail this to someone
Etiquetado en:    

¡Tu opinión es importante para mi!

2 Comentarios en "Percepción del tiempo"

Notificarme
avatar
Ordenar por:   Mas Nuevo | Mas Antiguo | Más votado
trackback

[…] pasó como una ráfaga. No sé si solo es mi percepción del tiempo la que me hace pensar que el mes no duró nada, a pesar que marcamos los mismos 30 días en el […]

trackback

[…] tres meses del año pasan más rápido que el resto de los nueve primeros. Aunque eso es solo una percepción. Esto, a algunos, nos pone a reflexionar y nos surgen las interrogantes ¿Hemos cumplido con los […]

wpDiscuz
A %d blogueros les gusta esto: