“Una de las grandes desventajas de la prisa es que lleva demasiado tiempo” [Gilbert Keith Chesterton (1874 – 1936) escritor y periodista británico]

Hoy en día cuantas personas no vemos corriendo de un lado para otro sin tener un rumbo definido, o sin saber de dónde viene. Incluso no llegan a tomar en cuenta si en realidad necesitaba andar de prisa o podría haber hecho lo mismo con un ritmo más relajado. La prisa no es un valor añadido. Nadie se convierte en mejor profesional o mejor persona porque vaya más rápido a todos los sitios o porque exprese lo muy estresado que está.

Estres Ansiedad Prisa




¿Has sacado cuentas del tiempo que en realidad ganas cuando andas a toda velocidad? La mayoría de las veces, ir de prisa no implica caminar más rápido o pensar más ágilmente. Significa estar y sentirse acelerado internamente.

Imaginemos que nos encontramos con un amigo, que nos saluda mientras habla por el celular al mismo tiempo que observa el reloj, nos estrecha la mano y nos sonríe para mostrar lo feliz que está. Cuando termina la llamada, nos abraza efusivamente, no dice que anda súper ocupado, que va todo el día corriendo, que todo está mal y que no puede esperar para tomar vacaciones. Apenas nos deja hablar, ni siquiera nos pregunta cómo estamos, se despide de nosotros asegurando que en algún momento se reúne con nosotros y se va todo apurado. Escenas como estas se viven a diario en las calles de las ciudades.

La gran mayoría de las personas viven aceleradas con la necesidad de responder a todo como si no existiese un mañana. Da la sensación de que la prisa les da prestigio porque indica que está ocupado, y eso se traduce que es un gran profesional. Eso es totalmente falso. La velocidad también es signo de una mala gestión del tiempo, de olvidos, desconcentración y desequilibrio personal y profesional.

Mucha gente no deja sus asuntos importantes en manos de alguien que no tiene cinco minutos para sonreír, para preguntar cómo estamos, para hablar de forma conversacional un instante y transmitir paz y sosiego.

Comiendo con prisa

La persona que vive con prisa todo el tiempo, también vive con estrés y ansiedad, no disfruta del momento porque siempre anticipa el futuro catastrófico que se avecina. Deja pasar la vida porque no observa el presente y no escucha lo que dice la gente o escucha solo fragmentos y se hace una idea del contexto del mensaje, ya que su cabeza anda a mil revoluciones.

La prisa llega a convertirse en una forma de vida. De hecho mucha gente no sabe qué hacer con el tiempo libre cuando lo llega a tener. Estar desocupados les produce malestar, sensación de pérdida de tiempo, incluso les baja la autoestima. Para este tipo de personas, el aburrimiento es algo desagradable. Por esa razón siguen corriendo aunque ni siquiera sepan hacia dónde.

Hay que reducir la velocidad, contemplar lo que hay a nuestro alrededor. Tenemos derecho a elegir el ritmo que queremos imprimir a nuestras vidas, a tener tiempo para el ocio, para pasear sin rumbo solo por el placer de hacerlo. El tiempo no es algo que debamos consumir en grandes cantidades hasta rebosar. El tiempo es algo para saborear, incluso cuando se tiene que entregar algo de forma urgente.

¿La calidad de un trabajo será mayor si se redacta estando estresado? ¿Conseguimos mejores soluciones? ¿Somos más creativos? ¿La vida va mejor y disfrutamos más de ella? La respuesta a todas estas preguntas es un rotundo no.

Con mucha prisa



Hacer miles de cosas y no disfrutarlas es como no hacer nada. Las personas que andan por la vida con calma, las que optimizan su tiempo para trabajar y disfrutar de la vida en todos los sentidos ¿Cómo lo hacen?

  1. Priorizan: ¿Qué es importante y qué no lo es? Hay que organizar la agenda en función de las preferencias de cada quien, con sentido común y responsabilidad.
  2. Se ponen límites en los horarios: Establecerlos nos ordena y agiliza la mente. Saber que a una hora específica el trabajo tiene que estar terminado centra la atención en la actividad. Sin esta acotación el cerebro se dispersa porque sabe que dispone de todo el tiempo del mundo para resolver los problemas. Los límites permiten prestar atención a lo importante, sin distracciones que le exigirán un nuevo proceso de calentamiento para concentrarse en la actividad que es realmente prioritaria. Cada vez que rompemos el proceso de concentración, la tarea se enlentece y después llegan las prisas para poder terminarlo todo.
  3. Dicen la palabra mágica “NO”: La conducta servicial no debe jamás convertirse en actitud servil. Si anteponemos los deseos de los demás siempre antes que los nuestros, después no podremos gestionar nuestros asuntos. Nuestras actividades y nuestra relajación son importantes. Tener esta situación nos lleva a tener una vida insatisfecha, en la que predomina la idea que no tenemos espacio para nosotros mismos y de que nuestras actividades no son importantes.
  4. Desconectan: Del móvil, del WhatsApp, del trabajo, del correo electrónico, de todo que les impide disfrutar de otros momentos. Uno de los usos de esta tecnología es convertir todo en algo inmediato. No estamos obligados a responder toda la información que nos llega de forma inmediata. La mayoría de ellos no son urgentes. Si así fuese las personas llamarían. Somos nosotros quienes hemos decidido que tenemos que responder a todo con prisa, porque hemos adoptado ese hábito.
  5. Utilizan técnicas que les permite relajarse: Yoga, pilates, deporte, un baño de agua caliente, una llamada de teléfono larga y relajada, una copa de vino, un buen libro e incluso un programa de televisión. Para esos momentos siempre hay y debe haber espacio. Se trata que las obligaciones y el ocio estén equilibrados.
  6. No buscan la perfección, buscan estar a gusto con sus vidas: Hay personas que buscan mejorar, crecer y superarse. Y hay otras que se obsesionan con que todo este perfecto y controlado. La perfección no existe, ni en la tecnología, ni con nuestro físico, ni en la destreza o habilidad para desarrollar algo. Vamos a perder mucho tiempo intentando que algo sea perfecto. Hay que valorar que es suficiente con que esté muy bien, no necesita ser perfecto.
  7. Fluyen: Están presentes, disfrutan y observan lo que acontece a su alrededor. No buscan que hacer a continuación, sino que se dejan llevar por el momento. Dedican tiempo a la vida contemplativa. Para disfrutar del momento, debemos estar presente “aquí y ahora”.

Segundos Minutos Prisa

Realmente los segundos o minutos que ganamos corriendo no compensan todo lo que podemos perder en calidad de vida. La vida es demasiado corta para andar con estrés y ansiedad. Gracias por leerme. Nos vemos en una próxima entrada.




Soy venezolano. Ingeniero de Telecomunicaciones. Escribo aquí porque me gusta hacerlo. Soy entusiasta de la motivación y el desarrollo personal. En este blog hablo mucho de eso, ya que la motivación no solo se encuentra en los libros de autoayuda. Pienso que las personas no debemos perder las oportunidades que se nos presentan, sentirnos derrotados o simplemente no salir adelante por desconocimiento.

Ansiedad y Estrés: La prisa como forma de vida
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